“Descubreamérica”

Más de 500 años después… en la memoria de nuestro continente americano

Cristobal Colón julio 11, 2007

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Sobre el origen de Cristóbal Colón se ha especulado mucho, pero lo más probable es que haya nacido en Génova, Italia, en 1451, hijo de Doménico Colón y de Susana Fontanarrosa. Murió el 20 de mayo de 1506 en Valladolid.
No se conocen datos acerca de su infancia ni tampoco de su educación, y lo más probable es que haya adquirido sus conocimientos en disciplinas tales como la Geometría en forma autodidacta.

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Se calcula que hacia los 21 años ya era capitán de una galera, y que entre 1472 y 1476 fue corsario, actividad de guerra que por esos años era considerada lícita. Entre 1476 y 1485 permaneció en Portugal, donde se involucró en el ambiente que generaba el proceso de expansión marítima protagonizado por ese país.
Sus estudios lo llevaron a proyectar un arriesgado viaje hacia la India, meta a la que se dirigían los esfuerzos portugueses. En este empeño descubrió América el 12 de octubre de 1492.

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El proyecto colombino
 
La idea de Colón era que se podía llegar a la India navegando hacia el oeste, es decir, a través del Océano Atlántico. Se ha insistido, erróneamente, en que quería demostrar la esfericidad de la Tierra.

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Colón basaba sus cálculos en una curiosa mezcla de datos emanados de obras tales como el Imago Mundi, del Cardenal Pierre D’Ailly; la Historia Rerum Ubique Gestarum, de Eneas Silvio Piccolomini (Papa Pío II); y en los datos que sobre la extensión del Atlántico había hecho el geógrafo Paolo Toscanelli.
Su esperanza era llegar a las islas de Cipango —Japón— y Catay —China—, territorios que tiempo atrás habían sido visitados mediante otra ruta por el viajero Marco Polo.

Acude a los Reyes Católicos
 
Colón presentó su proyecto en Portugal, pero fue rechazado, y como su hermano Bartolomé corrió igual suerte en Inglaterra, decidió ir a España y el 20 de enero de 1486 se entrevistó con los Reyes Católicos en Alcalá de Henares. Los monarcas se interesaron por la idea, pero el dictamen de una junta de sabios, encabezada por Fray Hernando de Talavera, fue desfavorable para el marinero.
Sin embargo, los Reyes no cerraron la puerta a futuros acuerdos. Colón continuó perfeccionando su proyecto con la ayuda de Fray Antonio de Marchena, Fray Diego de Deza y, sobre todo, Fray Juan Pérez, quien lo retuvo en el monasterio de La Rábida, en el puerto de Palos en 1492, y gestionó otra entrevista con Isabel la Católica.

Castilla apoya la empresa

A inicios de 1492, Colón volvió a entrevistarse con Isabel la Católica y nuevamente fue remitido a una junta de sabios que, por segunda vez, rechazó el proyecto. Así, los Reyes despidieron al navegante. Cuando Colón se disponía a abandonar Granada, fue detenido por un alguacil de la Corte, quien tenía órdenes expresas de retornar con él ante los Reyes.

Los cronistas atribuyen a Luis de Santángel una intervención directa en favor de Colón ante la Reina. En apoyo de su amigo Colón, Santángel argumentó que el costo del proyecto no era tan elevado y que de llevarse a cabo se prestaría un servicio a la Iglesia llevando la palabra de Dios a tierras lejanas. A estos argumentos —que calaron hondo en el espíritu de Isabel— agregó otro: el acrecentamiento del poder de los reinos de España.
El mismo Santángel ofreció facilitar el dinero que se requería para organizar la expedición. Isabel aceptó y no fue necesario que tocara sus joyas, como dice la leyenda iniciada por Hernando Colón en la biografía que escribió sobre su padre.

Los preparativos

El siguiente paso para la realización del viaje fue fijar las condiciones económicas en que se emprendería. El 17 de abril de 1492 se firmaron las Capitulaciones de Santa Fe. Llegar a estos acuerdos no fue fácil, pues como dice el padre Bartolomé de Las Casas en su Historia de las Indias: “Hacía más difícil la aceptación deste negocio lo mucho que Cristóbal Colón, en remuneración de sus trabajos y servicios e industria pedía”.

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En dichos documentos, se le concedió a Colón el oficio de Almirante de la Mar Océana en forma vitalicia y hereditaria, y se le nombró Virrey y Gobernador de las tierras que pudiese descubrir. También, se acordó entregarle la décima parte de todas las ganancias que se obtuvieran y el derecho de contribuir con la octava parte de los gastos, recibiendo igual proporción de las ganancias.
A disposición de Colón fueron puestas dos carabelas, la Pinta y la Niña, y una nao, la Santa María; asimismo, se reclutó a los tripulantes y también se eximió del cobro de derechos de aduana al cargamento que llevaban las naves y se extendieron a Colón el nombramiento de capitán mayor de la armada y una carta de presentación al Gran Khan, el gobernante de China, o a cualquier otro príncipe de la India.